ODIO A LA MENTIRA Y DESPRECIO
AL MENTIROSO.
Mal
oficio es mentir; pero abrigado. Eso tiene de sastre diablo la mentira, que
viste al que la dice; y aún si aspira a puesto el mentiroso, es bien premiado,
aunque rayando o pasando a la injuria o la calumnia, tenga que robar al otro su
verdad.
Las
ficciones aunque falsas, no se consideran mentiras. Mentir en forma que
intensifique un conflicto, en vez de atenuarlo, generalmente es el peor de los
pecados. Una mentira piadosa, graciosa, más comúnmente considerada como broma,
engaño con propósito humorístico, cuando la falsedad se entiende, no se
considera inmoral, y es una práctica utilizada por comediantes y humoristas.
Con demasiada frecuencia
se miente conscientemente, con tal de obtener un beneficio a cambio, y en esto
son maestros los políticos, y los medios de comunicación, convertidos en los
maestros del engaño, o de la manipulación a través de las mentiras, buscando
sacar rentabilidad o ventaja, aunque se rebasen límites o fronteras peligrosas,
en este barriobajero mundo del todo vale, o difama… difama… que algo quedará. Por
méritos contraídos, esto hace, que se hagan chistes sobre los políticos que
mienten. ¿Cuándo sabes que un político miente? ¡Cuando menean sus labios!
(frases de demagogia)
Algunas
de estas frases nos pueden ayudar a comprender mejor el sentido o las
consecuencias de las mentiras:
“Una
mentira es lo mismo que una traición, por eso prefiero una verdad, aunque esta
me duela”.
“Quien
quiere mentir engaña, y quien quiere engañar miente (Mateo Alemán)
“La
mentira tiene muchas facetas: reticencia, cabildeo, murmuración; pero es
siempre arma de tramposos”
“La
verdad existe. Solo la mentira es inventada”
AL MUNECO PINOCHO
El
hada le miraba y se reía, viendo como le crecía su nariz por momentos ¿Por qué
te ríes? Le preguntó el muñeco, confuso y pensativo. Me rio de las mentiras que
has dicho. ¿Y cómo sabes que he dicho mentiras? Las mentiras, hijo mío, se
conocen enseguida, porque las hay de dos clases: Las mentiras que tienen sus
patas muy cortas, -de ahí que se coja antes un mentiroso que a un cojo- y las
que tienen la nariz larga. Las tuyas, por lo que veo, son de las segundas.
Se
dice que todos mentimos, o que todo el mundo miente, que el niño miente desde
pequeño, bien porque ande buscando un premio o porque intente eludir un
castigo, y esto puede resultar en parte perdonable, hasta que estos llegan a
tener usos de la razón, para saber distinguir el bien del mal. Esta debería de
ser la frontera de la mentira.
Odio
a la mentira porque esta puede llegar hasta el extremo de convertirse en amiga
de la codicia. Podré tener mil y un defectos; pero por no haber tenido nunca
que agachar mi cabeza por mentir, me siento orgullo. Soy muy consciente de que, por esto, muchos me tomen o me tomaran por idiota. ¡Pues
señores: yo soy un idiota! Confieso que por haber mentido, nunca tuve ni
remordimiento de conciencia, ni perdida del sueño, siendo la gente mentirosa y
traidora, a la que siempre procuré dar de lado,
la que con demasiada frecuencia, perturbó mi dormir. Quizás debido a
estas mis reflexiones, pueda ser de los que, cuenta a sus amigos con los dedos
de una mano, porque el resto, si me
miente no me importan. Como máximo podré tener muchos conocidos, aspirantes a
ser mis amigos. Soy de los que prefieren desnudar a la verdad, antes que vestir
a la mentira.
F. Sáez

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