Confieso
que siempre pequé de ser un poco dormilón; pero últimamente me encuentro un
poco alterado, y encima he podido comprobar que, el tomar un café a media
tarde, aumenta mi inquietud. Sobre las once de la noche, me introducía en la
cama; pero mi cerebro andaba a mil revoluciones, produciéndome una inquietud
que, vencía a mis ansias por quedarme dormido. Tan pronto estaba de lado, como
boca abajo, y cubriendo mi cabeza por la almohada, como girado del otro
costado. Empezaba a ver cosas extrañas, anormales para muchos.
Veía una
multitud de estibadores protestando por su incierto futuro, y a la cabecera de
una gran pancarta, estaban las figuras de Pablo Iglesias, junto a Alberto
Rivera. Ahí no vi a ningún socialista, ni siquiera a la Susana. Del PP, mejor
callar.
Sobre la
una de la madrugada, estos gritos me despertaron,: “Adoro mi vida… Señor, dame
paciencia para aguantar a tanta gente vacía, falsa e hipócrita. ¡Señor…te
venero! …Soy un monstruo televisivo. Y vuelta con el…¡ Adoro mi vida!
¿Qué
porque veo estos programas? Porque en mi casa mando yo, cuando no está mi
señora. Ella duerme como las liebres, con un ojo abierto y el otro cerrado;
pero si le apago la tele, es peor el remedio que la enfermedad. Tengo que
esperar a que empiece a roncar, para apagarle la caja tonta, y ni aún así me
libro de sus posteriores reprimendas. Ella duerme despierta, y yo vivo con mis
sueños e inquietudes hasta despierto.
Vuelvo al
sol y sombra de mí dormir, y en el siguiente flas, veo a una multitud de
pensionistas rodeando el parlamento, gritando a coro: “Rajoy dimisión…devuélvenos
la hucha”. Un “yayoflauta”, apoyado en su bastón, luce un letrero en su
espalda, en el que puedo leer: “No soy un policía infiltrado, soy un
pensionista indignado”.
En la
siguiente escena aparece una juez
delgada, esbelta, morena, de pelo largo, y suelto como su afilada lengua
que, suelta esta lindeza: «Hay
una justicia para poderosos y otra para los que no lo son».
El “nodo”
sigue, para escuchar esta noticia: “El cuñadísimo recibe una paga de 3000 euros
al mes, para sufragar sus gastos, hasta que se resuelva su recurso”.
La
siguiente escena, resulta algo más prolongada. Me encuentro sentado en una terraza marquesina, frente al
mar. La lluvia cada vez es más insistente, y el sol definitivamente deja de
trabajar, para dar paso a un manto de nubes negras, cargadas con no muy buenas
intenciones. Y comienza un nuevo espectáculo, el sol se marchó, y nos dejó sin
luz; pero ahora son los rayos los que nos iluminan. Es un verdadero
espectáculo, uno nunca sabe dónde aparecerá ese rayo, y se mantiene en la
ventana del horizonte iluminado, que deja intuir la presencia de una
embarcación. Se levanta una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la
barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre
un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que
perecemos?” Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: “Calla,
enmudece”. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué
estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor,
y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le
obedecen?
Enseguida
supe que, era un Sampedro de estatura
media, de poblada barba blanca, con frente tan despejada que, a la luz de los
relámpagos, relucía hasta su cogote, como de bola de billar. Vestía una larga
túnica de color azul, calzaba unas sandalias propias de un pescador, y entre
sus manos portaba una enorme llave dorada, como el entorchado de sus anchas
bocamangas. Estaba sentado frente a mí, en un sillón de respaldo alto. Le
pregunte: “Dime, San Pedro. Tú que tienes las llaves del cielo…¿Es verdad que
es más difícil que entre un rico político ladrón, en tu reino de los cielos,
que, un pobre pensionista pueda llegar al final del mes sin pasar penurias? San
Pedro no contestó. Yo supe, que, no era
una estatua, porque parpadeaba, y movía sus ojos.
Le cambié
de pregunta, diciéndole: “Mira San Pedro, te he reconocido tan pronto has
aparecido, porque un ateo lo tendría más difícil; pero un creyente a su manera
como yo, si te reconoce con los ojos del alma”. Te confieso que soy un
“santotomasiano” que, creo en aquello que puede palpar,y ver con mis propios
ojos. ¿Si tu señor levantara su cabeza, si resucitara ¿Con quién estaría, con
los ricos o con los pobres?
San Pedro
se estremeció ligeramente de su sillón; pero me volvió a dar su callada por respuesta.
Intenté chincharle un poco, provocarle
con estas otras preguntas envenenadas, y encadenadas: ¿Por qué no me
respondes?¿ ¿No serás un….?
No me dejó
terminar la frase. En esta ocasión, San Pedro si me contestó, más que dándome
respuestas, ordenándome:
¡Despierta
buen hombre…despierta!
Y de
pronto estaba sentado en mi cama; pero…. en el sillón de enfrente de mí,
luciendo su brillante pelo negro azabache, sus botines, su corbata y sus
amplios bigotes más blancos que, mis oscuras pesadillas, dormía plácidamente mi
gata Quiteria.
Sabiendo
por experiencias, que, los sueños son efímeros, como flor de un día, difíciles de recordar, de breve
duración, porque tienen poca vida, y porque desaparece al poco tiempo.
rapidamente cogí bolígrafo y folio, para tomas los necesarios apuntes, como
pincelas en un lienzo, antes de que el sol desapareciera por el horizonte de
mis pensamientos.
Como
posible interpretación de estos mis sueños, reproduzco las palabras de un joven
que se siente harto y cansado.
ESTOY HARTO
No he podido evitar vomitar todo lo
que siento.
Puedo decir que no soy de los que se
quejan,
que prefiero ganarme el cambio, y
cada poco cuenta.
Es por eso que el quejarme hoy tanto
me cuesta;
pero no hay más que pueda hacer,
siento impotencia.
Harto
Podría decirlo más alto pero no más
claro,
estoy harto de políticos corruptos,
de bancos
de ladrones de traje, corbata y
guante blanco,
de recortes, de rescates y de
embargos.
Harto de avergonzarme de ser
español, y de España.
De dictaduras teñidas de democracia,
rojas antes, luego azules , y a
saber mañana;
pero hay cosas que detesto y que no
cambian.
Que un concejal de festejos cobre
más que un maestro,
que un catedrático de universidad,
que un médico,
que nuestro sueldo mínimo no llegue
a 700 euros,
y que el de un diputado no baje de
3500
Estoy harto de pagarles viajes,
chóferes, cenas
en restaurantes de gran lujo, y tu
mientras
sudando sangre, trabajando, pasando
penas,
para poder llenar así otra vez la
nevera.
Harto de coronas, de príncipes
ladrones y princesas;
de reyes que acaparan maldades
inconfesas.
Su majestad, símbolo de unidad, de
permanencia,
más bien símbolo de malestar y
decadencia
Me da rabia,
Que se mueva la gente por otras
cosas,
por el Madrid, por el Barça, por la
Eurocopa,
por enseñar, que buenos somos a toda
Europa.
Con el fútbol nos engañan y nos
ciegan con la roja
Muy harto de escuchar, que mil
jóvenes se marchan
cada día a Reino unido, Noruega o
Alemania,
que hoy en día, tres carreras ya no
bastan,
que hoy se premia la ignorancia
Cansado de Paquirrines, Jorgianos y
Pantojos,
empachado de tragar tanta salsa rosa.
Fulanas, yonkis, idiotas chorizos,
de repente, son ahora gente famosa
No entiendo,
Que cada día pretendan que me crea
el cuento,
de que la “fiesta” de los toros es
algo bueno,
o que matar por hobby en la plaza,
es algo nuestro.
No es mío, eso seguro, y es triste
que sea vuestro.
Harto de escudos, de porras, de
cargas,
de piedras, y de los que las lanzan…
que los puños ganen siempre a las palabras,
y de que al final resulte que nadie
gane nada.
Estoy harto
Puedo decirlo más alto; pero no más
claro.
Del hambre, desahucios, de robos,
del paro,
de que me obliguen cada día a
aguantar tanto.
Hoy ya no puedo más, hoy ya no
aguanto.
Qué más da lo que diga, no cambiará
nada.
Me acusarán de vivir en un cuento de
hadas.
No pido riqueza, ni halagos, ni
otras bobadas;
sólo lo que es mío, y ellos me
arrebatan
Estoy harto
F. Sáez (3
Marzo 2017)
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